El Partido Popular Balear
Cuando el PP durante la III Legislatura decidió dar el plumazo a la lengua oficial del estado en las Islas Baleares, presidía el Parlament Cristóbal Soler Cladera, que de pepeísta solo tenía sus intenciones de doblegar la cultura balear. Otro fenómino era l’amo en Bièl Cañellas Fondo, lógicamente del PP, pues nada menos que reelegido presidente del Govèrn, un “mallorquín” con triste historial, junto a Don Geròni, un tal Conrado, más no pocos pro-catalanistas. Algo así como una secta que ya llevaba tiempo gestando sus planes, que, tampoco eran suyos, pues venían impuestos por la pretensión del Noreste Peninsular muy dado a la creación de los hipotéticos “països catalans” (en minúscula). Ninguno podría imaginar que estas fechas, el Parlament ha logrado un cambio en la política lingüística de la Cámara, precisamente con el apoyo de los propios diputados del PP junto a VOX que hizo la propuesta. Algunos catalanistas opinarán que han traicionado los principios del partido, seguramente no querrán reconocer que Soler y compañía fueron quienes traicionaron al “su pueblo”, además, como bien dice Le Senne: “vulneraba los principios básicos del estado de derecho de los ciudadanos”. Rectificar es de sabios.
Quienes más protestan y se quejan de las injerencias surgidas en las sedes centrales de los partidos políticos, más que injerencias, directrices, estrategias y estilos para defender unas ideas, son aquellos que añoran los abusos, intentos de dominar culturas y espacios geopolíticos por parte de sus sedes centrales, la mayoría de ellas ubicadas en el Noroeste Peninsular, caracterizadas, además, por un apetito desordenado hacia el antiguo reino de Mallorca. Una vez más.
La mejor defensa está en el ataque, tachar de radical y extremo a un partido como el VOX balear, suena a exageración. Pocas veces en estas islas se ha podido reunir un grupo de personas más moderadas, con alto sentido de respeto y aptitudes suficientes para plantear, debatir y convencer en las intervenciones parlamentarias, en los plenos de ayuntamientos y Consell. Mucho pueden aprender los diputados en el Congreso de Carrera San Gerónimo, dejarse de insultar y ponerse a trabajar. Se ha dicho siempre que “lo cortés no quita lo valiente”.
El próximo paso será sustituir la lengua fabriciana por la balear. Por mucho que les duela a los padrastros del Estatut.
Tomeu Pizá (febrero 2026)


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