Un lingüista de los "països catalans"
Se licenció en Filología Catalana por la Universidad de Barcelona (1974), y dedicó su tesis doctoral (1983) al estudio sociolingüístico del mallorquín. En 1975 empezó a ejercer de profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de Palma, y desde 1991 en la Universitat Catalana d'Estiu de Prada.
Es autor de numerosos trabajos en el ámbito de la sociolingüística, la normativización lingüística y la toponimia. Ha sido director del Servicio Lingüístico de la UIB (1999-2001), la entidad asesora para toponimia y lingüística reconocida por el gobierno de las Islas Baleares. Ha sido asesor del Ayuntamiento de Palma para la normalización del nomenclátor viario de la ciudad, y es miembro de diversos consejos y comisiones relacionados con el uso lingüístico. Ha pertenecido al Consejo Asesor de la Gramática Catalana del Institut d'Estudis Catalans y al equipo redactor de la Gramàtica del Català Contemporani. También ha colaborado en el Larousse Català.
En el campo de investigación, se ha interesado por la teoría y la planificación del estándar (el establecimiento de la normativa), las interferencias lingüísticas y el análisis de la situación sociológica del catalán, por lo que ha trabajado con encuestas sociolingüísticas.
Defiende la postura que el catalán sea la única lengua oficial en una eventual Cataluña independiente.
Nada extraña pues que este individuo esté meando fuera de tiesto en el antiguo Reino de Mallorca, un espacio geopolítico con lengua y gramáticas propias. Seguramente lucha como buen "cavallé" al puro estilo del siglo XIII que con la promesa de un buen botín, intenta de nuevo someter al Reino de Mallorca, actualmente una CCAA del Reino de España. Otra posibilidad es que actúe como los mercenarios que lucharon junto a la nobleza, la corte y la Iglesia, aquel fatídico 31 de diciembre de 1229, resucitando las ansias y deseos de un viejo condado en convertirse en algo que nunca ha sido y poseer aquello que nunca ha tenido.
Que un Estatut, sin consulta popular, impuesto por unos mallorquines vendidos a una "provincia" peninsular con aspiraciones a superar el trauma de "Principat", en 1983 aprobaran que, entre otras cosas, la lengua co oficial fuera el barceloní de Pompeyo Fabra, pisoteando la gramática que normalizó la lengua madre de Mallorca, junto a la de Menorca, francamente, suena extraño y repelente. No tiene la suficiente fuerza moral para que se acate, se sigue hablando y escribiendo el mallorquín. Ocurre lo mismo con el Quechua en los Andes y el tibetano en el Himalaya.
Consecuentemente, si a este personaje catalanista, le atendieron mal, nunca, pero nunca en la vida, debería haberse aprovechado de la política lingüística. En todo caso, si la discordia fue tan drástica, haber ido al Juzgado de Guardia y denunciar acoso, violencia de género, odio o mil conceptos más que están muy de moda actualmente. Está claro que lo que persigue es viralizarse para aumentar ventas en sus obras que andarán bajo mínimos al no leerlas ni sus vecinos. Vamos, que va de influencer.
Cabe la necesidad de recordarle que el español es la lengua oficial del Estado y de todas las CCAA que lo componen. Si en IKEA una dependiente o el gorrilla del aparcamiento le habla en español o en mallorquín, en rifeño o alemán, siendo un lingüista, quedaría como un señor contestando en su lengua. A otros nos pasa cuando un turista extranjero o un africano nos preguntan algo en francés y, puesto que algo lo estudiamos en nuestros años mozos, nos sentimos orgullosos de poder atenderles en su idioma. Lo cortés no quita lo valiente.
Tomeu Pizá (febrero 2026)

Excelente artículo Tomeuy
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