Morir de idiotez severa

 


Red de cables eléctricos y de datos.

En realidad, el mar nunca aisló a las Baleares, el mar las comunicaba. Esta situación geopolítica en la que a través de siglos nos ha permitido crear una cultura, una identidad, un pueblo autosuficiente; nunca debería haberse visto en peligro de retroceso. Ser o dejar de ser un reino, haber sufrido innumerables intentos de saqueo, de conquista, dominio, repoblación y maldades infinitas surgidas de la envidia, la avaricia, desavenencias familiares, etc., en realidad solo han afectado a los intervinientes, el pueblo, el que más ha sufrido, ha seguido siendo el pueblo, la ciudadanía. Curiosamente han convivido en relativa armonía, moros, cristianos, judíos, putas y piratas. Desde tiempos inmemoriales hasta la actualidad. Y nunca nuestro antiguo reino murió de éxito. La oferta de ganado, pieles y lana. Cereales y agricultura. Sal, materias primas y demás recursos, mantuvo un ciclo económico casi perfecto, pues recibían las islas, cobre, hierro, estaño, etc. No existía dependencia de nada, más bien un sistema de colaboración comercial que contentaba a la mayoría que estaba dispuesta a producir, trabajar y no vivir del cuento. De niño, un buen abuelo siempre me dijo “quien no trabaja no come”. Actualmente no se puede decir lo mismo. Es lamentable lo que nos está pasando.



Ocurre que los cuatro elementos básicos de la naturaleza (agua, tierra, aire y fuego) son las energías del mundo físico que siguen inalterables. Hemos visto como las energías fósiles son recursos finitos que se agotan, contaminan, perjudican y causan grandes daños. Se puede incluir la energía nuclear.

Sin embargo, al pretender apoderarse de la rentabilidad de estas energías, surge un desproporcionado afán de poder, un descontrol total sobre el uso y disfrute, exceso de discordia para el dominio y fatales conflictos. Es aquí cuando en Mallorca se debería agudizar el ingenio, y no se hace.

Si existe un temor a los conflictos, no deben nuestros políticos apoltronarse en el éxito, han de saber evaluarlo sin atender a falsas AI que cada una opina según su “amo”. La distancia no garantiza la seguridad, Mallorca no está preparada para la guerra híbrida. El sanchismo de España, menos. Además, existen demasiadas estructuras y sistemas críticos en nuestras islas: cables submarinos de datos, interconexión eléctrica, puertos y aeropuertos, sistemas de abastecimiento de agua (no podemos ignorar que estas plantas desaladoras junto a las redes de distribución locales son altamente dependientes de la energía eléctrica). La vulnerabilidad está más presente que nunca: sabotajes subacuáticos encubiertos difíciles de rastrear, ciberataques a las estaciones de conversión, cortes físicos del cableado marino, etc. Puede añadirse el ransonware a sistemas de control de tráfico y mucho más. Resumiendo, los sistemas e infraestructuras en las Islas Baleares se encuentran bajo una constante presión estratégica dentro de la doctrina actual de guerra híbrida que afecta a España y a la Unión Europea.


Odiosa guerra híbrida

Debido a su situación insular, el archipiélago presenta vulnerabilidades estructurales como las descritas que nos resultan únicas. Los ataques en la “zona gris” no buscan una confrontación militar abierta, sino desestabilizar la economía, la sociedad y el control territorial mediante el sabotaje, la ciberdelincuencia o la presión migratoria. Debe, pues, el Govern y demás instituciones autonómicas velar más por nuestra supervivencia que verse complacidos y resignados a morir de éxito, uno tiene que espabilar, no queda otra.

Muchas veces se ha repetido que Mallorca “morirá de éxito”, si dejamos pasar el tiempo sin aplicar una solución o un remedio a esta peligrosa realidad que nos acecha, es que somos idiotas.

Curiosamente Mallorca no tiene un déficit de generación de electricidad en términos absolutos, ya que cuenta con centrales locales capaces de cubrir la demanda. Sin embargo, sufre un grave déficit de soberanía y sostenibilidad energética que la hace depender en gran medida del exterior sobre todo en lo que se refiera a combustibles fósiles para el suministro habitual de la isla.

El cable entre Sagunto y Calviá (Proyecto Rómulo) cubre habitualmente entre el 15% y el 25% de la demanda eléctrica de las islas Baleares.


Una de las muchas pateras que usa la migración ilegal para llegar a nuestras costas. Hemos desarrollado un sistema económico en el que no cabemos todos los que estamos ni podemos producir para todos los que llegan sin desatender a los isleños. Seguimos siendo idiotas y  nos burlamos de la Prioridad Nacional como si fuera un slogan o un simple capricho político. Es pura matemática, carajo !

A fin de disminuir esta brecha de dependencia y aumentar el uso de energía limpia, se encuentra en fase de evaluación y desarrollo ambiental el segundo cable eléctrico con la Península, lo que permitiría cubrir hasta el 65% de la demanda energética. Y aumentar la dependencia isleña. ¿Acaso alguien de nuestras autoridades tiene apuestas ganadoras, o tal vez acciones con generosos dividendos garantizados, aún sea a costa de enterrarnos medio muertos a los ciudadanos? La idiotez se debe contagiar, está claro.

El verdadero déficit estructural de Mallorca reside en la producción de energía limpia local, la CCAA se sitúa a la cola de España en la generación de energía verde. El ciclo combinado (gas natural) sigue representando cerca del 68% de la producción local en el archipiélago. La instalación de parques solares fotovoltaicos apenas ronda entre el 2% y el 17% del total generado. En resumen, el “déficit” de Mallorca no es una falta de potencial para encender las luces de Navidad, sino una vulnerabilidad en su autonomía energética.

Los tres Pilares Básicos del Desarrollo Sostenible

Dejemos para otro día EL OBJETIVO SUPREMO y sus TRES PILARES BÁSICOS, también la saturación por migración y el caos que supone producir por unos pocos para todos los demás. Pero, pongámonos en guardia para no morir de idiotez severa.

Tomeu Pizá (septiembre 2026).

Comentarios

  1. Es un firme y acertadísimo alegato a favor de nuestra resiliencia estratégica, que invita a reflexionar profundamente sobre el modelo de supervivencia de las islas ante unas amenazas que surgen cada día más, por culpa de los avances tecnológicos en manos perversas.

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  2. Cabe suponer que el resto de esta trilogía versará sobre costes, grandes negocios y abusos de los macro manipuladores de kilovatios, megavatios y demás. Junto, claro, al negocio de la inmigración que sufrimos. "Mucho arroz para tan poco pollo".

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  3. El artículo pone el dedo en una herida que nuestras instituciones no deberían seguir ignorando. Baleares no puede vivir instalada en la complacencia mientras aumenta nuestra dependencia exterior y seguimos acumulando vulnerabilidades estratégicas.

    No se trata de crear alarmismo, sino de exigir previsión. Una sociedad moderna no puede permitirse depender de que todo funcione siempre: electricidad, agua, comunicaciones, puertos, aeropuertos y redes digitales. ¿Qué ocurriría ante un ciberataque grave, un sabotaje o una interrupción prolongada de alguno de estos servicios?

    Y aquí está la responsabilidad política: nuestros gobernantes tienen la obligación de anticiparse a los problemas, no de reaccionar cuando ya han ocurrido. La seguridad de Baleares no puede reducirse a gestionar el día a día mientras se dejan en segundo plano cuestiones tan importantes como la soberanía energética, la protección de infraestructuras críticas, la capacidad de abastecimiento y la seguridad de nuestras fronteras.

    El segundo cable con la Península puede aportar mayor estabilidad al sistema eléctrico y reducir el uso de combustibles fósiles, pero tampoco debería convertirse en una excusa para renunciar a desarrollar una verdadera capacidad energética propia. Conectar más las islas es una cosa; depender cada vez más del exterior es otra.

    Y respecto a la presión migratoria, también hace falta hablar con claridad: Baleares tiene unos recursos limitados y las administraciones deben garantizar primero que los servicios públicos, la vivienda, la sanidad, el agua y las infraestructuras puedan responder adecuadamente a la población que ya reside en las islas.

    Gobernar no es esperar a que llegue la crisis para buscar soluciones. Gobernar es preverla. Baleares necesita menos complacencia, menos propaganda y más planificación, seguridad y defensa de sus intereses.

    La pregunta que debemos hacer a nuestros responsables políticos es muy sencilla: ¿estamos realmente preparados para lo que pueda venir o simplemente confiamos en que nunca suceda?

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  4. El artículo pone el dedo en una herida que nuestras instituciones no deberían seguir ignorando. Baleares no puede vivir instalada en la complacencia mientras aumenta nuestra dependencia exterior y seguimos acumulando vulnerabilidades estratégicas.

    No se trata de crear alarmismo, sino de exigir previsión. Una sociedad moderna no puede permitirse depender de que todo funcione siempre: electricidad, agua, comunicaciones, puertos, aeropuertos y redes digitales. ¿Qué ocurriría ante un ciberataque grave, un sabotaje o una interrupción prolongada de alguno de estos servicios?

    Y aquí está la responsabilidad política: nuestros gobernantes tienen la obligación de anticiparse a los problemas, no de reaccionar cuando ya han ocurrido. La seguridad de Baleares no puede reducirse a gestionar el día a día mientras se dejan en segundo plano cuestiones tan importantes como la soberanía energética, la protección de infraestructuras críticas, la capacidad de abastecimiento y la seguridad de nuestras fronteras.

    El segundo cable con la Península puede aportar mayor estabilidad al sistema eléctrico y reducir el uso de combustibles fósiles, pero tampoco debería convertirse en una excusa para renunciar a desarrollar una verdadera capacidad energética propia. Conectar más las islas es una cosa; depender cada vez más del exterior es otra.

    Y respecto a la presión migratoria, también hace falta hablar con claridad: Baleares tiene unos recursos limitados y las administraciones deben garantizar primero que los servicios públicos, la vivienda, la sanidad, el agua y las infraestructuras puedan responder adecuadamente a la población que ya reside en las islas.

    Gobernar no es esperar a que llegue la crisis para buscar soluciones. Gobernar es preverla. Baleares necesita menos complacencia, menos propaganda y más planificación, seguridad y defensa de sus intereses.

    La pregunta que debemos hacer a nuestros responsables políticos es muy sencilla: ¿estamos realmente preparados para lo que pueda venir o simplemente confiamos en que nunca suceda?

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  5. Interesante artículo Tomeu, una realidad para ustedes. Saludos desde Chile

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